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La calidad de vida siempre es mejor cuando podemos oír perfectamente todo lo que pasa a nuestro alrededor. La pérdida auditiva afecta a una de cada tres personas mayores de de 65 años, aunque en realidad, puede darse en cualquier etapa de la vida, también durante la infancia y juventud.

 

Una exposición excesiva al ruido fuerte y a la música, infecciones, efectos secundarios de medicamentos, y algunas enfermedades infantiles, son otros factores que, además de la vejez,  pueden provocar pérdida de audición. Afortunadamente, en la actualidad hay muchas opciones para tratar este problema.

 

Con frecuencia, la pérdida de audición se produce de forma progresiva y es el entorno de la persona afectada quien puede percatarse del problema antes que nadie. En este sentido, la familia de la persona con pérdida de audición tiene un papel fundamental, ya que puede favorecer la toma de conciencia de un posible problema y, por ende, adoptar una solución. 

 

No obstante, no siempre es fácil sospechar que esa actitud que nos preocupa en un familiar se debe a que no oye bien. A veces se pueden malinterpretar los síntomas de pérdida auditiva, llegando incluso a verse afectadas  las relaciones entre la persona afectada y sus seres queridos o compañeros de trabajo. Veamos algunos ejemplos de ello.

 

 

Relaciones a prueba de escucha

 

Los familiares de una persona con pérdida de audición no diagnosticada pueden hacerse planteamientos similares a estos: 

 

 

  • “Parece que no presta atención cuando le hablo… no responde inmediatamente cuando le digo las cosas”. 

 

  • “Cada vez es más difícil hablar con él/ella por teléfono… “.

 

  • “Continuamente me pide que le hable más alto”.

 

  • “Tengo que pedirle muchas veces que baje el volumen del televisor”.

 

  • “Últimamente parece que olvida cosas que le pido que haga, o hace otras que no le he pedido”.

 

  • “De repente se pone de mal humor durante las fiestas familiares y participa muy poco en la conversación”.

 

A veces no se trata de falta de interés, atención o mal humor injustificado: sencillamente se trata de que la persona no oye bien y puede que ni ella misma lo sepa todavía.

 

Sin embargo, quien no oye bien sin saberlo sí  puede experimentar estados psicológicos como irritabilidad, ansiedad, soledad o incluso depresión. Al margen de algún que otro malentendido o quejas por parte de su entorno más cercano, los eventos sociales o reuniones familiares no son tan agradables cuando hay pérdida de audición. 

 

Si hay mucho ruido de fondo, la persona afectada puede tener dificultad para entender lo que se dice. Las risas de las personas a su alrededor, de repente ya no le resultan divertidas, sino todo lo contrario: no acaba de enterarse de qué se ríen. Esto puede generar  sentimiento de soledad en la persona con pérdida de audición aunque se encuentre acompañada o rodeada de mucha gente. Paralelamente, los demás pueden pensar que la persona se está volviendo huraña o que ya no se encuentra a gusto en su compañía. A la preocupación de que algo le está pasando a esa persona que nos importa, pueden sumarse los malentendidos

 

En cuanto a las personas más jóvenes con problemas de audición, la hipoacusia no tratada puede provocarles irritabilidad, falta de concentración o insomnio,  provocando que abandonen algunos roles sociales y otros aspectos de su vida. 

 

No son pocas las razones que hacen necesarias las pruebas auditivas que detecten posibles pérdidas de audición. Ayudar a un ser querido en este sentido supone encaminarlo para que se ponga en manos de audiólogos profesionales, como los que forman parte del equipo de Audiotek. 

 

Sugerir a esa persona importante para ti que se haga una prueba de audición gratuita en uno de nuestros centros, es el primer paso para salir de dudas. A  partir de ahí contará con todo el apoyo, la guía y las soluciones auditivas necesarias para llevar una vida plena y recuperar el tiempo perdido. 

 

Aceptar la pérdida de audición

 

Cuando una persona toma conciencia de que tiene pérdida de audición, es frecuente que le cueste aceptarlo e incluso se resista a tomar medidas para subsanar el problema. Pero el hecho de no oír bien puede repercutir negativamente en la calidad de vida de la persona, tanto a nivel de salud como de relaciones. Poco a poco, la persona se va privando del disfrute de cosas que la vida le ofrece porque no puede oír, y su carácter lo reflejará. 

 

Otro factor que juega en su contra es el tiempo, ya que cuanto más se retrase poner solución a un problema de audición, mayor puede ser la dificultad en resolverlo. Aquí entra en juego la ayuda de la familia, algo fundamental para encaminar a su ser querido a mejorar su audición y así mejorar su vida en todos los sentidos.

 

Para una persona con pérdida de audición es fundamental contar con el apoyo adecuado de su entorno, especialmente de su familia, que le podrá ayudar de diversas formas:

 

  • Sugerirle que un audiólogo revise su audición.

 

  • Explicarle que una prueba de audición es un método muy sencillo, rápido, gratuito  y que no implica ninguna molestia. 

 

  • Hacerle comprender que a sus seres queridos les importa que participe más en el mundo que le rodea.

 

  • Informarle que en la actualidad los audífonos son mucho más discretos y cómodos,  algunos casi invisibles, con una tecnología muy pequeña y potente.

 

  • Explicarle que el índice de éxito para tratar la pérdida de audición es alto y no tiene nada que perder, pero sí mucho que ganar. 

 

  • Contarle que muchas personas famosas e importantes usan audífonos, como por ejemplo Bill Clinton.

 

  • Conceder tiempo a la persona para que se haga a la idea de que tiene pérdida auditiva, y persistir discretamente y desde la comprensión para que tome medidas

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