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Existen personas que no soportan escuchar cómo la persona del lado está comiendo chicle o cómo mastica. Es una reacción aparentemente irracional a determinados sonidos cotidianos, hasta tal punto que puede generar situaciones de malestar y ansiedad fuera de lo común. En el artículo de hoy, vamos a profundizar en esta patología aún bastante desconocida.

Qué es la misofonía

El término misofonía fue adoptado en el año 2000 por los neurocientíficos Pawel y Margaret Jastreboff, tras diagnosticar diferentes pacientes que presentaban el mismo cuadro clínico: una intolerancia a sonidos cotidianos y habituales a los que la mayor parte de la población estamos acostumbrados y no nos producen efectos negativos.

Esta patología no debe confundirse con la hiperacusia, consistente en percibir ciertos sonidos de una manera anormalmente alta hasta, incluso, llegar a sentir dolor al escucharlos. Las personas que padecen hiperacusia perciben la información auditiva a un volumen desmesurado. En cambio, los pacientes con misofonía reaccionan al escuchar patrones de sonidos específicos, como el ruido de masticar, la tos, los estornudos, los golpecitos de un lápiz sobre una mesa, etc.

Se trata de un trastorno neurológico en el que los estímulos auditivos, y en ocasiones también los visuales, son malinterpretados por el sistema nervioso central. Habitualmente, los síntomas suelen aparecer al final de la infancia aunque puede desarrollarse a cualquier edad. Frecuentemente, se desencadena con un sonido específico y, posteriormente, se van sumando más sonidos detonantes a la lista.

LA MISOFONÍA INTOLERANCIA A LOS SONIDOS COTIDIANOS 2

Consecuencias de padecer misofonía

Las personas afectadas por esta patología pueden sentir la sensación de que “les da rabia” sonidos tan habituales como escuchar masticar la persona que tienen al lado. Pero la situación puede llegar al nivel de sentirse tan mal que son capaces de modificar sus hábitos, para no tener que enfrentarse a esos sonidos tan molestos para ellos. Eso puede llevarles a aislarse en zonas que consideran seguras o a utilizar tapones en los oídos en ciertos contextos.

Además, en muchas ocasiones, como la conexión entre esos estímulos auditivos molestos y la aparición de la incomodidad es tan directa, las personas afectadas de misofonía pasan de repente a estados de mal humor, produciendo situaciones incómodas en el entorno social (familia, amigos, etc.).

Dónde puedo hacer un test de misofonía

Dado que es una patología identificada recientemente, se desconocen sus causas y la manera en la que funciona. Se sabe que es una neuropatía y se ha demostrado, experimentalmente, que las personas con misofonía muestran una mayor conductividad eléctrica en la piel al ser expuestas a los sonidos que encuentran estresantes.

La gravedad de las reacciones en ciertos casos de la patología ha llevado a varios investigadores a defender la idea de que la misofonía debería incluirse en los manuales de diagnósticos de trastornos mentales. Así se podría identificar fácilmente esta alteración y se podrían desarrollar programas de investigación y de tratamiento sobre unas bases consensuadas.

Por el momento, no existe un test capaz de diagnosticar, realmente,la misofonía pero se ha desarrollado una herramienta para ayudar a identificar a las personas que la padecen, la Misophonia Activation Scale. Es una escala que determina 11 grados de intensidad en los síntomas: desde la ausencia de molestias al escuchar un sonido hasta el uso de la violencia desencadenada por el fuerte malestar que produce un ruido.

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Misofonía tratamientos

A causa del desconocimiento que envuelve esta neuropatía, no es posible curar la misofonía. Al igual que sucede con otros problemas auditivos como el tinnitus, las propuestas de tratamiento actuales se basan en estrategias para que el paciente aprenda a convivir con la alteración, ya sea mediante terapia cognitivo-conductual o enseñando a la persona afectada estrategias específicas para protegerse del sonido que produce aversión, sin que la vida afectiva y familiar se vea muy perjudicada.

Mientras las investigaciones no avancen y no se descubra una solución que consiga hacer que los síntomas remitan, el único tratamiento posible se centra en mostrar estrategias de afrontamiento y en garantizar que el entorno del paciente (familia, amigos, compañeros de trabajo) esté al corriente de sus necesidades y sepan cómo reaccionar.

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