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Uno de los problemas ambientales más graves pero todavía infravalorados, es la contaminación acústica. Sería conveniente para todos, concienciarnos de los efectos negativos que el exceso de ruido tiene sobre nuestra salud y calidad de vida. Las personas más afectadas son las que habitan en los núcleos urbanos de las grandes ciudades, aunque el ruido excesivo también puede ser consecuencia de algunos trabajos o hechos cotidianos como  escuchar música demasiado alta.

Los informes de la Organización Mundial de la Salud, son claros: en Europa, cerca de 30 millones de habitantes están, actualmente, en riesgo de exposición de niveles de decibelios excesivamente altos. La OMS también recomienda que, para evitar problemas mayores, es importante respetar los umbrales de exposición de decibelios que están fijados en 65 de día y 55 de noche.

Pero, desgraciadamente, estas medidas no siempre se cumplen y la contaminación acústica tiene un campo de acción muy amplio que puede ser difícil de controlar. Algunas profesiones tienen un riesgo añadido de pérdida de audición, como trabajadores de la construcción, camareros de bares o discotecas, mineros y trabajadores de aeropuertos a pie de pista.

A nivel general, estudios médicos revelan que problemas de salud como trastornos del sueño, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, infartos e ictus, están más extendidos entre personas que viven en ciudades particularmente ruidosas que en los habitantes de  zonas urbanas con niveles de ruido más bajos.

De hecho, realizarse una prueba auditiva al menos una vez al año es una medida preventiva, muy recomendable, entre las personas que viven en una gran ciudad, ya que daños auditivos como la hipoacusia pueden estar provocados por un exceso de ruido.

Los trastornos auditivos provocados por la contaminación acústica

Los daños físicos que puede provocar la contaminación acústica se dividen en auditivos y extrauditivos. En este artículo nos vamos a centrar, especialmente,en los primeros. Puede producirse un daño agudo en el oído, cuando hay una estimulación acústica muy intensa como, por ejemplo, una explosión aunque este tipo de daño es menos frecuente.

Mucho más común es el daño crónico en el oído,  que tiene una evolución más lenta consecuencia de una exposición al ruido continuada. Se considera como exposición continuada al ruido, el estar expuesto al mismo, varias horas al día durante al menos 10 días consecutivos, algo frecuente para quién habita en una gran ciudad.

La pérdida de audición provocada por una exposición al ruido excesivo, puede evaluarse a través de una prueba auditiva. Es muy recomendable hacerla con regularidad, si nos vemos expuestos a este tipo de ruidos. Esta prueba además de confirmar la posible pérdida de audición también la cuantifica. No nos cansaremos de recordar la importancia de someterse a este test  ya que el factor preventivo es muy importante; máxime tratándose de una prueba indolora y fácil realización.

Cuando se detecta una pérdida de audición  de cierto calibre, como una sordera conductiva, puede ser tratada de forma satisfactoria con un audífono. Y es que ahora, más que nunca, la tecnología hace realidad las ventajas de los audífonos cuando se requiere de su uso. Téngase en cuenta que en un 45% de los casos en los que se produce pérdida de audición por contaminación acústica, es necesario el uso de un audífono.  En muchos casos, la audición que se ha perdido no se puede recuperar, como en el caso de la hipoacusia de tipo neurosensorial pero el uso de un audífono, puede facilitar mucho las cosas, hasta el punto de permitir llevar una vida normal.

Prevenir los estragos de la contaminación acústica

El uso cada vez más extendido de  auriculares, merece especial atención para prevenir la pérdida auditiva: el volumen no debería superar el 60%, de lo contrario los oídos sufren por encima del umbral permitido. Aún respetando el límite aconsejado, tampoco es recomendable utilizarlos todos los días.

En trabajos en los que la exposición a contaminación acústica es un riesgo laboral, hay que utilizar, obligatoriamente, protectores auditivos homologados, además de realizarse revisiones auditivas periódicamente

Si i se reside en una zona particularmente ruidosa, pueden usarse tapones durante las horas en las que la contaminación acústica es mayor. Téngase en cuenta que la exposición continuada al ruido,  además de los daños auditivos comentados, supone una fuente de estrés que puede afectar la presión sanguínea, el ritmo cardíaco e incluso la secreciones endocrinas.

Eso por no mencionar los trastornos de la actividad, como por ejemplo, el estudio y los trabajos de tipo intelectual, la comunicación verbal y, por supuesto, el sueño. Para comprender el sentimiento de malestar que produce el exceso de ruido, solamente hay que imaginar cómo nos sentimos si tenemos que comunicarnos en esas condiciones, realizar actividades o simplemente descansar.

Así es que, además de las medidas preventivas que podemos adoptar para protegernos de la contaminación acústica, podemos hacer otra cosa: contribuir a que el respeto de algunas normas den como resultado una mayor calidad de vida para todos.

 

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